Al cerrar la cámara hiperbárica, el paciente comenzará a sentir la presión y la única sensación o molestia es que se tapan los oídos. Este proceso durará de 3 a 4 minutos y si no se destapan continuamente, puede llegar a doler.  Es lo mismo que sucede cuando una persona se hunde en la piscina o durante ascenso y descenso dentro de un avión.

El oído externo está separado del oído interno por una membrana que se llama tímpano, y con una pequeña diferencia de presión entre ambos, la membrana se estira (infla) y duele.

El mecanismo que tiene nuestro cuerpo para evitar esta molestia es compensar la presión interna con la externa mediante la apertura de las trompas de Eustaquio.  Al abrir estos conductos, ingresa la presión que tenemos en la garganta e iguala la presión externa con la interna manteniendo recta la membrana que los separa.

Algunos pacientes tienen estos conductos cerrados o congestionados y no pueden hacerse tratamiento pues les generaría dolor. Por esta razón, si el paciente está resfriado o congestionado, se le pide que se haga el tratamiento al terminar con esta condición.

Muchas veces la congestión es leve y con un poco de mentol se abren las vías respiratorias y se facilita la apertura de estos canales de compensación.

Igualmente si el paciente se encuentra normal, muchas veces necesita ayuda para compensar los oídos y para estos casos se aplica la maniobra de Valsalva, que consiste en tapar con el índice y el pulgar la nariz y con la boca cerrada soplar realizando una leve presión. Con esta maniobra, el paciente sentirá un leve ruido en los oídos que se produce al ingresar el aire por los conductos de Eustaquio.

Este procedimiento debe hacerlo todo el tiempo cada 15 segundos hasta que el ascenso de presión en la cabina llegue al máximo. En ese momento no le molestará más hasta que comience el proceso de despresurización, donde deberá volver a realizar esta maniobra.

Habitualmente los pacientes hacen esta maniobra las 2 o 3 primeras sesiones y luego la incorporan y no necesitan hacerla. A algunos pacientes les resulta más sencillo tragar saliva, bostezar o mover el maxilar inferior con la boca abierta de un costado a otro. Estos movimientos también sirven para destapar los conductos de Eustaquio.

El operador del equipo debe estar atento y mirando al paciente en su primera y segunda sesión, indicándole que compensen constantemente.

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